Argentina recibió un aproximado de seis millones de inmigrantes europeos entre 1860 y 1930. Si bien gran parte de ellos eran italianos, Argentina recibió barcos desbordantes de personas de todas las nacionalidades que abandonaban sus países de origen en busca de un futuro mejor para sus familias. Se sabe que alrededor de tres millones de esos inmigrantes se establecieron de forma permanente en el país que se volvió el segundo con mayor cantidad de inmigrantes europeos. Algunos historiadores bautizaron al movimiento migratorio como “la gran inmigración” a fin de diferenciarlo  de otros movimientos similares que vinieron o vendrán. ¿Qué motivó el viaje de estas personas y cómo modificaron el paisaje social del país que los recibió con brazos abiertos?

La gran inmigración: condiciones alentadoras

Argentina se consideraba un país poco poblado a mediados del siglo XIX, por lo que las oleadas migratorias no solo fueron bien recibidas sino que se alentaron. Además, el país atravesaba un crecimiento económico tal que resultaba muy atractivo para aquellas personas que se encontraban pasando un momento duro en las regiones europeas azotadas por hambrunas, falta de trabajo y desesperanza.

Las ideas de muchos pensadores y políticos argentinos, entre ellos Juan Bautista Alberdi y sus «Bases y puntos de partida para la Organización Política de la República Argentina”, sirvieron de inspiración para la modificación de la Constitución Nacional en 1853. Dicha reforma establece que “El gobierno Federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes». Así, se garantizaron los derechos de aquellas personas que viajaron semanas en barco para establecerse en un país deseoso de recibirlos.

En 1876 durante el gobierno de Nicolás Avellaneda se promulgó la llamada “Ley Avellaneda” o «Ley Nacional de Inmigración y Colonización». En ella se establecía que los inmigrantes gozaban del derecho de recibir alojamiento gratuito durante cinco días luego de su llegada al país. Dicho alojamiento era cubierto íntegramente por el estado y tenía lugar en el Hotel de Inmigrantes, a poca distancia del puerto de Buenos Aires. Además, los recién llegados recibían transporte gratuito a donde sea que desearan trasladarse dentro del país. Lamentablemente, esta ley enfrentó algo de oposición y tuvo algunas dificultades en su implementación dada la escasez de fondos en el tesoro nacional.

Quienes arribaron a Argentina en la gran inmigración se enfrentaron a condiciones de vida bastante duras desde un comienzo. Si bien algunos de ellos alcanzaron la tan ansiada prosperidad, la mayoría recién logró ver los frutos de su esfuerzo a lo largo de las generaciones.

El paisaje social luego de la gran inmigración

Tal fue la afluencia de italianos a Argentina durante la gran inmigración que se estima que el 60% de la población argentina tiene “algo” de sangre italiana. Si hay un aspecto de la cultura y la sociedad argentina en el que se evidencia la gran carga italiana que portamos es en el español argentino, especialmente aquel de Buenos Aires. El lunfardo es aquel dialecto de Buenos Aires que nació en el puerto como un tango apretado de palabras en español e italiano y floreció hasta alcanzar un total de más de 6.000 vocablos y frases.

La evolución del lunfardo es una muestra de cómo el espíritu de los inmigrantes italianos de los siglos XIX y XX sigue vivo en la Argentina de hoy. A continuación te traemos algunas palabras altamente representativas de la influencia italiana en el español rioplatense:

Morfar: comer, del italiano morfa que significa boca en español.

Laburo: trabajo, del italiano lavoro.

Facha: buena pinta o buena presencia/belleza, del italiano facia que significa cara en español.

Pibe: muchacho/chico, del italiano pivetto.

Tuco: tipo de salsa de tomate.

Birra: cerveza

La influencia de los inmigrantes italianos no se limitó a la forma en la que se habla en Buenos Aires y en las zonas donde se asentaron, sino que se extendió a los gestos de las personas y la comida que preparan. Tanto los italianos como los argentinos son conocidos por “hablar” con las manos o por expresarse con gestos. Entre los gestos más comunes cuyo origen es claramente italiano podemos encontrar el “montoncito” 🤌 aquella mano con los dedos pellizcados hacia arriba, moviéndose de forma vertical. Como comidas típicas italianas que se han vuelto clásicos de la mesa argentina podemos encontrar las milanesas, los ñoquis y la pizza (que se ha transformado en un clásico de todo el mundo a esta altura, ¡Y con justa razón!).

La gran inmigración cambió para siempre la forma en que Argentina y gran parte de América quedó conformada. Al día de hoy los cambios perduran y, a su vez, se ven espejados en la cantidad de descendientes de italianos que eligen retornar a sus raíces y tramitar su ciudadanía italiana.

Fuentes: La Inmigración en el Proyecto de Organización Nacional
La gran inmigración – material para las alumnas y los alumnos
Italian-Argentinean culture: that’s amore!